El lanzamiento oficial de Olinia ocurrió hace poco. El vehículo eléctrico desarrollado con participación del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Tecnológico Nacional de México (TecNM) fue presentado como una alternativa de movilidad urbana con un precio estimado de 150,000 pesos y capacidad para transportar hasta seis personas como reportamos anteriormente en Xataka México.

Sin embargo, mientras el proyecto busca consolidarse como una apuesta nacional por la electromovilidad, en redes sociales volvió a cobrar fuerza una controversia relacionada con una contratación realizada durante las primeras etapas del programa.

El hilo que desató la discusión
La polémica resurgió a partir de una publicación en X realizada por Jorge García Orozco, quien se presenta en su perfil como colaborador de Eme Equis y profesor universitario. En una serie de mensajes, García Orozco afirmó que la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) otorgó un contrato relacionado con Olinia a Rocketel S.A.P.I. de C.V., una empresa identificada principalmente con servicios de telefonía celular.

El autor del hilo sostiene que la compañía no cuenta con experiencia conocida en fabricación de vehículos y cuestiona tanto el perfil de la empresa como algunos aspectos de la contratación. Entre otros puntos, menciona el domicilio fiscal de Rocketel en Mérida, Yucatán y señala que el inmueble visible en servicios de mapas no corresponde a lo que normalmente se asociaría con instalaciones de desarrollo automotriz.

No obstante, la existencia de un domicilio particular o de oficinas pequeñas no constituye por sí misma evidencia de irregularidad.

Lo que sí está documentado sobre Rocketel y Olinia.


Parte de los señalamientos del hilo coinciden con información que ya había sido publicada previamente por EL CEO y retomada por otros medios. De acuerdo con esa investigación, Rocketel recibió un contrato por aproximadamente 5.9 millones de pesos mediante el instrumento C-73/2025-DGRMSG. La empresa opera servicios de telecomunicaciones y telefonía móvil bajo la marca Mi Móvil y pertenece a Adrián Aguirre Gómez y Adrián Francisco Aguirre Palme, empresarios vinculados históricamente al sector de telecomunicaciones.

Según EL CEO, los trabajos contratados incluían actividades de conceptualización y planeación del proyecto, elaboración de documentación técnica inicial, identidad gráfica, coordinación institucional y estrategias de divulgación.  Es decir, la documentación citada por ese medio describe responsabilidades relacionadas con la estructuración y coordinación del proyecto, no necesariamente con el desarrollo completo de la ingeniería del vehículo.

La principal pregunta: ¿por qué una empresa de telefonía?


Ese es precisamente el cuestionamiento central que aparece tanto en la investigación de EL CEO como en el debate generado en redes sociales. Rocketel no tiene una trayectoria pública ampliamente conocida en la industria automotriz o en proyectos de electromovilidad. Aun así, fue seleccionada para participar en una etapa clave de Olinia.

Según EL CEO, el proceso se realizó mediante un esquema de invitación restringida y no mediante una licitación pública abierta. La propia Secihti señaló que la adjudicación se realizó conforme a la Ley de Adquisiciones y que Rocketel se encargó de la conceptualización y coordinación inicial del proyecto. La dependencia también sostuvo que las decisiones técnicas sustantivas quedaron en manos de instituciones académicas participantes como el IPN y el TecNM.

Transparencia, documentos y preguntas pendientes
Otro de los puntos más comentados del hilo es la afirmación de que Secihti rechazó entregar cierta información relacionada con pruebas, especificaciones técnicas y otros detalles del vehículo argumentando posibles afectaciones a la competitividad del proyecto.

Por ahora, el debate se mueve en tres niveles distintos: los documentos que efectivamente han sido reportados por medios, las dudas legítimas sobre los criterios de contratación y las acusaciones más graves que todavía requerirían evidencia adicional para ser demostradas.

Mientras tanto, Olinia sigue avanzando. Apenas esta semana fue presentado oficialmente como una de las apuestas mexicanas para desarrollar una industria nacional de vehículos eléctricos. Sin embargo, el contrato otorgado a Rocketel demuestra que, incluso antes de que el auto llegue a las calles, el proyecto ya enfrenta preguntas que difícilmente desaparecerán.

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