PREDIAL 2023 METEPEC

En los últimos cinco días, la ciudad de Shanghái, hogar de 26 millones de personas y pulmón económico de China, ha combinado escenas contrapuestas: por un lado, una orilla oriental desierta, con carreteras cortadas, negocios cerrados y calles vacías por las que solo circula personal con traje de protección; por el otro, grupos de vecinos que se agolpan al otro lado del río Huangpu para hacerse con alimentos frescos y medicinas, bienes que escasean en las baldas de muchos establecimientos, antes de que los pongan bajo llave este viernes.

Más de dos años después de aquel primer cierre de Wuhan, cuando gran parte del mundo ya ha optado por convivir con el patógeno, la ciudad de Shanghái vive azorada su primer confinamiento a gran escala para tratar de frenar su mayor ola de contagios desde el inicio de la pandemia. La población apoya en su mayoría las medidas y cumple con las normas impuestas. Pero las dificultades para controlar el pertinaz brote y los inconvenientes que acarrea el cierre han hecho que afloren algunas críticas.

Durante las semanas previas, Shanghái trató de evitar un confinamiento total para no dañar la economía con cierres selectivos de edificios y barrios y pruebas de detección masivas. No fue posible dado el aumento imparable de casos, y el domingo se decretó un cierre escalonado de diez días en dos fases. Primero le tocó a Pudong, la zona oriental de la ciudad, que debía permanecer sellada de lunes a viernes. Luego era el turno de los barrios de Puxi, en la otra orilla del río que divide la urbe, donde se hizo efectivo en la madrugada de este viernes.

Sin embargo, el alto número de casos que todavía se sigue registrando para los estándares chinos (unos 4.500 el jueves, unos mil menos que el día anterior) han llevado a las autoridades a prorrogar las restricciones en la zona oriental. Allí, las nuevas reglas establecen que si una persona vive en el edificio donde se ha detectado un positivo, debe quedarse en casa 10 días, cifra que se reduce a tres para los residentes de bloques que pertenezcan al mismo complejo. En la práctica, esto significa que la mayor parte de la ciudad está confinada.

Coronavirus
El alto número de casos llevó a extender las restricciones en la zona oriental
“Al implementar medidas en diferentes zonas podemos frenar de manera efectiva la propagación comunitaria y lograr la máxima prevención de brotes con un costo mínimo”, justificó Wu Jinglei, director de la comisión de salud de Shanghái. Según datos oficiales, la ciudad ha registrado en la última semana más de 20.000 positivos, la mayoría asintomáticos. Son cifras nimias comparadas con las de otros lugares, pero inasumibles en un país que sigue apegado a la política de tolerancia cero contra el virus.

Aunque la población apoya la estrategia, en los últimos días han surgido en redes sociales algunas críticas. Además del temor a la escasez de alimentos, muchos se quejan por la falta de privacidad en los recintos hospitalarios y centros de aislamiento o por la inflexibilidad de las normas, que provoca serios problemas para obtener auxilio médico incluso en casos de urgencia. Es el caso de la gente que necesita someterse a diálisis o quimioterapia, que en algunos casos no están pudiendo cumplir con sus citas, o el de una enfermera que falleció sin ser atendida tras sufrir un ataque de asma.

El jueves, los responsables locales admitieron que no estaban bien preparados para esta última ola de infecciones y que no ha satisfecho todas las necesidades de la población. “Nuestro conocimiento de la contagiosa cepa ómicron no fue suficiente, y nuestra preparación para un aumento significativo de casos no fue exhaustiva”, concedió Ma Chunlei, secretario general del gobierno municipal.

Mientras, crece la preocupación sobre el daño que podría causar el cierre a la economía. Algunas fábricas importantes de chips -SMIC o Hua Hong- han seguido funcionando gracias a que sus operarios residen estos días en sus instalaciones. Situación similar se vive en las sedes de algunas grandes financieras o la bolsa de valores, donde varios empleados permanecen desde hace días sin salir de la oficina.

China
Crecen los temores a que el cierre pueda afectar a la economía nacional y global
Sin embargo, otras como la factoría de Tesla permanecen cerradas desde el lunes o funcionan a medio gas. También hay problemas de logística, ya que los camiones deben superar numerosos controles antes de llegar a su destino, lo que ralentiza las entregas y aumenta los costes.

Los últimos indicadores publicados no son halagüeños. El jueves, la Oficina Nacional de Estadísticas dijo que el índice de gerente de compras, indicador de la industria manufacturera, regresó en marzo al terreno de la contracción tras cuatro meses de expansión.

Los economistas de firmas como Morgan Stanley o Citigroup ya han recortado el pronóstico de crecimiento de China para este año, y advierten de que podrían venir tiempos complicados. “Abril va a ser horrible con la extensión del cierre de Shanghái. Y esto repercutirá a nivel regional y mundial, ya que afectará a la oferta y la demanda”, señaló Trinh Nguyen, economista de Natixis.

Aún así, las autoridades chinas siguen comprometidas con su política actual y no dan signos de un cambio temprano. “Desde el principio hasta el final, debemos adherirnos al principio de poner a las personas y sus vidas primero”, dijo el presidente Xi Jinping, según un editorial de la agencia estatal Xinhua de esta semana. “Debemos adherirnos a una estrategia de cero covid que sea científicamente precisa y dinámica para suprimir la propagación de la epidemia lo antes posible”, añadió.

Con información de: La Vanguardia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×

Hola!

Click aquí si quieres mandarme un mensaje o escríbeme a mi correo contacto@alonsoherreranoticias.com

× ¿Cómo puedo ayudarte?